ENCUENTRA LAS PALABRAS

miércoles, 16 de marzo de 2016

Evitar


Pretendemos evitar el dolor, evitar la muerte, evitar la sinrazón y hasta la infamia.
Deseamos ansiosamente olvidarnos de lo que somos,  del animal que somos, de la bestia que somos, de la desesperanzada nada de la que surgimos.
Nos velamos  los ojos con las sucias mantas de una sociedad cruel e idiota, con la cultura del ego; falo-centrista y poderoso.
Le damos la espalda a lo “Real”  para no contagiarnos. Para no endulzarnos,  para no sentir, para olvidar, para evitar.

Evitamos todo lo que nos demande afecto, le huimos.
Competimos con la vista sobre hombros de los que llamamos “menos”.
Nos exacerbamos cuando nos llaman a nosotros “menos”.
Nos creemos dueños del universo pero evitamos cuidarle, sentirnos parte de Él.
Hemos decido cerrarle la puerta a los pasos entrañables y no “involucrarnos” mucho, para después no vivir el tedioso aroma del  desamor, del desamparo y de la soledad.
Porque somos cobardes. Por que donde olemos peligro; huimos, evitamos. Porque lo que nos desestabiliza es objeto de temor. Mierda, ¡Porque somos humanos!

¡Ah! La raza que se aniquila a sí misma, que se divierte viendo caer al otro, y poniéndole zancadilla. La raza que necesita la crisis y la miseria total  para buscar su absolución divina.
Si el habitante de la calles nos mira, socorremos la mirada nuestra al infinito para no ser increpados por sus gimoteos  de angustia. Si la montaña reclamando su espacio se nos viene encima,  es la naturaleza la culpable.
Evitamos decir que somos todos culpables del fracaso como especie.
Evitamos decir que fracasamos como seres.
Evitamos abrazarnos para que no se nos permee el olor del otro.

Apasionarnos es penoso, querer amar es pecado.
Pierde el que se enamora. ¡Evitamos sentir!...E-vi-ta-mos Sen-tir.
Evitamos leer para comprender lo que nos atañe.
Y si hay algo que nos caracteriza, lo queremos borrar. Queremos borrar nuestro color de piel, las fisionomías divergentes, cambiar nuestro color de ojos.
Somos apátridas y practicamos culturas externas. No podemos ni identificarnos.
Vida, vida, vida,  Somos absurdos evitando lo que en otro tiempo fuimos, cazadores recolectores y nómadas. Preferimos borrar los campos con plaguicidas para construir más hidroeléctricas, Nos dejamos cegar por la luz que proporciona las energías avasalladoras.
¿Estamos comprando agua?
¡Agua!
Pero también evitamos el agua, porque no sabe a nada.
¿Qué diría Evita? – Si luego de tantos años, mancillamos su nombre.

Juan MiL