Así pasa en las comedias y en los mejores dramas, alguien muere.
aveces la muerte no es física, aunque así se sienta.
Pasa en los cuentos y es el desencadenante para una nueva situación.
El mejor de los personajes muere al principio de la película, y su muerte debe ser vengada.
El peor de ellos muere al final, luego de salvarse mil veces de la furia de los tiburones antropófagos.
Que alguien muera. Esa es la mayor aspiración del protagonista vengativo, o el villano despiadado.
El bueno y el malo... El rico y el pobre. Las historias son así, al menos las que quieren llevarlo a uno a la idea de que siempre, alguien debe triunfar... Y para ello, alguien inexorablemente ha de perder. La competencia es ridícula. Como cuando dos equipos de fútbol se encuentran. Hoy murió de goles el equipo del villano y por venganza; el villano, asesinó lo primero que vio de otro color...Le hizo picadillo, por cada gol marcado a su color le hizo un hueco en el costado, a punta de cuchillo.
Alguien muere, y puede morir de frió o de calor en las olvidadas tierras donde nació, o aplastado por el edificio que vio todos los días permanecer erguido a su paso, hasta que el viento llegó y ¡sas! ¡cataplum! Fue a visitar la verdad...
El muerto, es el único que tiene la razón, no hay muerto malo, y ahora está con Dios.
Uno decide darle muerte a las pequeñas cosas que posee, y a las que lo poseen a uno. Uno con un adiós le da muerte a alguien hasta su reencuentro, o le dice adiós para siempre. Uno decide que matar... No hago una apología al homicidio. Yo hablo directamente de las muertes no-literales que uno le hace a sus vivencias, el resto es pura retorica encontrada en libros, películas y prosas.
Cuando se es creador de momentos, como creador debe saber cuando darle fin a esos momentos, así se es dios, por eso todos somos dioses, y por eso nadie lo es.
A la hora de preguntarle el nombre a alguien de quien estás interesado, cerciorate, primero de tener la idea fija de como asesinarle, asesinarle en el sentido no sangriento, digo, para los que no tendríamos las agallas, ni las decisión, ni los motivos para quitarle la vida orgánica a otro. Asegúrate de saber cuando, mejor, le darás muerte a tu acontecer con esa persona... Si no, déjala ir, así sus ojos se embizquen muchas veces en los tuyos o al revés.
Lo mejor es dejar todo en los libros para no tener la necesidad, ni la pena, de saber que algún día tendrás que dar un adiós, o no darlo y lo único quieras matar se las horas tras los barrotes. Como un mago rancio de circo, hace su ultimo acto -la desaparición-, esperaría no quedar enredado en las bisagras de la puerta que lo llevara hasta la tras-escena.
Y así, uno de los dos muere, no de muerte, muere de soledad concebida, De necesidad de si mismo, muero uno, muere el Jacinto luchador de batallas escondidas. Muere el dios...
El universo se explota en el instante para ambos, para el vivo y para el muerto.
aveces la muerte no es física, aunque así se sienta.
Pasa en los cuentos y es el desencadenante para una nueva situación.
El mejor de los personajes muere al principio de la película, y su muerte debe ser vengada.
El peor de ellos muere al final, luego de salvarse mil veces de la furia de los tiburones antropófagos.
Que alguien muera. Esa es la mayor aspiración del protagonista vengativo, o el villano despiadado.
El bueno y el malo... El rico y el pobre. Las historias son así, al menos las que quieren llevarlo a uno a la idea de que siempre, alguien debe triunfar... Y para ello, alguien inexorablemente ha de perder. La competencia es ridícula. Como cuando dos equipos de fútbol se encuentran. Hoy murió de goles el equipo del villano y por venganza; el villano, asesinó lo primero que vio de otro color...Le hizo picadillo, por cada gol marcado a su color le hizo un hueco en el costado, a punta de cuchillo.
Alguien muere, y puede morir de frió o de calor en las olvidadas tierras donde nació, o aplastado por el edificio que vio todos los días permanecer erguido a su paso, hasta que el viento llegó y ¡sas! ¡cataplum! Fue a visitar la verdad...
El muerto, es el único que tiene la razón, no hay muerto malo, y ahora está con Dios.
Uno decide darle muerte a las pequeñas cosas que posee, y a las que lo poseen a uno. Uno con un adiós le da muerte a alguien hasta su reencuentro, o le dice adiós para siempre. Uno decide que matar... No hago una apología al homicidio. Yo hablo directamente de las muertes no-literales que uno le hace a sus vivencias, el resto es pura retorica encontrada en libros, películas y prosas.
Cuando se es creador de momentos, como creador debe saber cuando darle fin a esos momentos, así se es dios, por eso todos somos dioses, y por eso nadie lo es.
A la hora de preguntarle el nombre a alguien de quien estás interesado, cerciorate, primero de tener la idea fija de como asesinarle, asesinarle en el sentido no sangriento, digo, para los que no tendríamos las agallas, ni las decisión, ni los motivos para quitarle la vida orgánica a otro. Asegúrate de saber cuando, mejor, le darás muerte a tu acontecer con esa persona... Si no, déjala ir, así sus ojos se embizquen muchas veces en los tuyos o al revés.
Lo mejor es dejar todo en los libros para no tener la necesidad, ni la pena, de saber que algún día tendrás que dar un adiós, o no darlo y lo único quieras matar se las horas tras los barrotes. Como un mago rancio de circo, hace su ultimo acto -la desaparición-, esperaría no quedar enredado en las bisagras de la puerta que lo llevara hasta la tras-escena.
Y así, uno de los dos muere, no de muerte, muere de soledad concebida, De necesidad de si mismo, muero uno, muere el Jacinto luchador de batallas escondidas. Muere el dios...
El universo se explota en el instante para ambos, para el vivo y para el muerto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario