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lunes, 27 de abril de 2015

Queda de mí.

Queda de mí
Queda de mi unos lentes, un libro, y el cabello ensortijado.
Queda como despojos de lo que soy: letras. Como  residuos: vidrios rayados.
Los restos de lo que me contiene  hebras enmarañadas.
Lo que queda de mí, es un cuerpo lacerado, un corazón roto y una mente abierta.
Quedan en mi las cicatrizadas heridas de mis victorias saltimbanquis, la úlcera maltrecha que siempre sana, más queda de mí  una vida que se viene por vivir.
Queda de mí una guitarra afónica, una nariz colorada, y un par de palos en desuso;
Lo que queda de mí son vibraciones, la capacidad de sonreír y un proyecto de ser.


Queda de mí, y no para mí, un embeleque  con el raciocinio,
queda de mi un pensamiento en la ofuscada nada.
Queda de mi un pueblo y sus lluvias, su eterna belleza.
Lo que queda de mi es el sabor a uvas que me manchan,
los humos que me absorben, las conversaciones que ultrajan.

Queda una maleta y una bandera roja, negra, amarilla y verde.
Queda la esencia de mi olor a musgo.
Quedan mis uñas que se afilan en las piedras.
Quedan mis huesos que enarbolan  todas las mañanas y mi boca que grita HARE.

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