ENCUENTRA LAS PALABRAS

martes, 9 de febrero de 2016

In-Pertenencias

Para sonreír, aquí o allá.


Ser, no ser…  Recitaba Hamlet en su monologo mancillado por genial.

¿Pertenecer?  Ni a si mismo…Se es, o se está, o mejor,  se está siendo. 
Nadie es profeta en su tierra, más el hecho de encajar en un lugar no significa pertenecer. Soy lo que me circunda, una laguna, colosales rocas, bosques de pino, arrayanes, yarumos, guayabos y sietecueros.  Decía Gonzalito el nadaista “Todo es mío en el sentido que nada me pertenece”; pues las deliciosas frutas del paraíso mismo, han sido negadas.
No podría en absoluto, acariciar las nalgas de una mozuela casada; Eso no es mío, ni de ella, ni de nadie; es carne bruñida, ni entrar en casa ajena sin una invitación previa. Lo que es mío es lo de todos,  y lo que no sabe el timador político es que lo que es de todos no es de él. 
Pertenecer o no, he ahí el dilema. Nada es tan nuestro como el “Topos Uranus”  platónico, más podría ser  in-pertenencia nuestra, si de exhaustiva re-significación requiere.
Yo soy mi lugar común, mi sitio escondido, mi edén  perdido, habito mi alma. Me muevo en fangosas letras, y las nado-vuelo-ando. ¿Qué es más noble para el cuerpo, presenciar lo horrible del desarraigo, o  dándole  la cara, ocuparlo? Somos el desplazamiento belicoso, la huida económica, el desahucio forzado, y siendo así, sabiéndolo así; lo ocupamos, nos tomamos las calles y muelles para gritar nuestros cantos al olvido, subimos a la próxima montaña y con los árboles talados construimos una barca para navegar sobre tal ignorancia. Pues no somos propietarios ni de lo que nos habita, ni de nuestras ropas, ni de nuestros lujosos aparatos tecnológicos limitantes. Ya nos poseyó la muerte antes, elucubró nuestros miedos  y la posibilidad de “Tener”.  Así que ni la tierra que nos da la vida es nuestra, y lo nuestro es la conciencia de ser. El  dios cosmos no juzgará nuestras  vidas por lo que tenemos, más si por lo que fuimos.  También dijo Aranguito: Si llevas el paraíso en la mente, lo verás en la gente, los pájaros, las fuentes, los árboles y las piedras del camino.
Mío es lo que toco, lo que inhalo, lo que siento, lo que digo y lo que callo. Quisiera ser in-pertinente en iglesias, discotecas aturdidoras, conversaciones prosaicas, quisiera no tener la desgracia de visitar olores cloacales en los lugares donde la gente come. Como todo es provisional, no ocupo  ni mis pensamientos hechos letras, voy saltando y no me quedo, y no me quejo, porque voy saltando. Voy siendo, escribiendo, sintiendo, viviendo, aprendiendo, 
In-perteneciendo.



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