Delirio asesino
La mágica planta redunda placeres, la acción ficcional le corrompe al delirio.
Ofuscado, el Marchante llegó a la ciudad vislumbrando un porvenir actoral.
El
hombre amistoso y de buen cantar, un tipo sincero y de sonrisa a rayar;
Llegó a
la ciudad. Con fuerza e indiferencia le dio un puñetazo la autoridad.
Sus
mágicas horas se fueron detrás de la
misteriosa muerte que vino a negrear.
Chilena y de turbio mirar, representando
a la parca vino a liquidar.
Su mente inocente se dejó fugar por los anaqueles de la
irrealidad, sus palabras
profetas olieron su afán de llegar al limbo de la
eternidad. El tipo sonriente se dejó
llevar por la sucia mancha de la sociedad.
Las espaldas miró, la guerra observó,
del mundo el poeta mejor se alejó.
La zozobra circundó las caras de todas sus musas, mujeres
que le esperaban.
Amigos que le
circundaban. Sus palabras se hicieron fango oscuro que surrealidades cantaban.
Se fue a nadar las desastradas aguas que
le sumergieron a tientas sus pulmones, tragó tal vez tanta agua como para hundirse
en el lecho fangoso. Flotó, flotó para
avisar a sus niñas que se estaba despidiendo. Vagó al lugar dónde esperándonos baila
al son de las tonadas celestiales.
Su rostro es una escuela, sus recuerdos un fuerza que me impulsa a vivir dos vidas.
A
significar cada día sus palabras. Hay un
hueco entre mí y los bosques que nadamos
juntos.
Y las aguas que escalamos remando al ritmo de los únicos en su género.
El delirio previo a la muerte es para los genios.
Juan MiL
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