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| foto : STIVEN MARIN @Sal.mac |
"Lo que e tienen en
común los seres humanos,
lo podemos hallar como
revelación en los mitos”
Joseph Campbell
"El origen del habla
radica en la canción, y el
origen de la canción en la
necesidad de llenar por
medio del sonido la
inmensidad y el vacío del
alma humana"
John Maxwell Coetzee
Vamos a devolvernos 600 años en el pasado, cuando lo que conocemos como El
Municipio de Guatapé, era un selvático territorio, alimentado por aguas que nacían en
todos los cerros emergentes de peñascos, un clima templado y unas gentes que
posiblemente comandadas por un cacique, llamado Guatapé, se erigían para ser una
naciente civilización, que con el Sedentarismo que proponía la agricultura, de maíz
principalmente, de frijol, entre otras cosas se apiñaban en la mística de los ritos al sol, y
a las fases lunares, y eran principalmente lo hijos primigenios de este territorio, que un
día, y previo al exterminio que traería la época de la colonia, se incineraron y sepultaron
en tumbas de barro. Barro del que nace esta historia, la mezcla, reunión de los
elementales Agua Y Piedra, tales que le darían nombre al Señor, Guatapé, mismo que
con el que se nombraría, la Ceja Nuestra Señora del Carmen de Guatapé.
GUA/Todo, comenzó en al agua, el germen vital del que emanarían las primeras células
de vida, el origen, el líquido que, como venas por un cuerpo, recorre las montañas, crea
surcos, meandros, navega a través de valles. Es la placenta, donde nace la vida, un Om
profundo, un gruñido engolado, ahogado, sucede gota a gota. Beber tomar de la fuente,
compartir el líquido. Bañarse, refrescarse, limpiarse, humedecer el ser.
Sembrar, abrir la tierra y depositar semillas, mojarlas, para darles vida, regar los
campos, lavar los productos, manufacturar orfebrerías con barro y del barro, nace el
Hombre, el cacique, el grande, el profeta primigenio. De la mezcla del barro con la
masa del maíz nacen los cuerpos, que emanan sensaciones, giros, saltos que se vuelven
un ritual.
A la lluvia que con los destellos del sol condensó en una nube su forma para caer cobre
los cuerpos extasiados de chicha de maíz, sobre los campos de maíz, y la masa puesta al
sol. El agua, la lluvia destiñe los rostros que, pintados de barro ocre, celebraban,
celebraban y reían. Casi que por última vez. La celebración fue atropellada por el
cacique, clausurada, posterior al primero de los incendios que empezarían y que
propinaría el mismo Señor Guatapé, para, según el proteger su estirpe.
TAPE/ Él ya lo sabía, a lo lejos del Río Grande protegido Por Naré, el cacique cercano
con el que se tenían caminos se escuchaba un rugir potente de truenos, en inexplicables
noche calmas. Los rumores de unas naos que entraron por el norte. Que venían por la
tierra, por el oro, y por sus vidas. El fuego se disipó por toda aldea, juntándose con el
barro y la sangre, escondiendo consigo, los rastros de un cacique, que salvó su tierra.
Gua-tape.

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