-No. Es mas creo que son las horas quienes me tienen a mi.
El tiempo se me ha convertido en una quimera inundada de sonidos meta-abstractos, venidos desde la mas profunda des-idealización del ser; cornetas, sonidos de ambulancias, retumbar de motos pandilleras, balaceras cerca a la montaña, una voz que grita anunciando sus productos grasientos. Mas yo sigo en mi desesperada espera por el tope segundero con el dígito primero, con el necesitado...
¿La hora? Cada segundo es un puñal cruzando pecho adentro, el sol desciende lentamente hacia el horizonte, la marea se hace fuerte, el viento sopla hacia los rostros, trayendo consigo el pasado y los olores que habitó, parece detenerse todo reloj en muñecas cargado, en paredes colgado y en iglesias instaurado... Se alarga la inmunda tarde, ese viejo lleva sentado ahí mas tiempo que yo mirándole; las palomas, al verle su melena blancuzca se le acercan como sabiendo de sus manías por desmigajar-les pan, o restos de arroz. En la silla consiguiente se ha implantado un tendero a mirar sus uñas mientras perezoso, entrega sus productos de bajo costo, otros se arriman a pedirle fuego para sus cigarros.
Allá tras ese carbonero frondoso hay un señor meando, y en la banca del lado un joven de rasgos raquíticos poniéndose de plones la cabeza. Hace rato pasó la policía tras un corredor olímpico que llevaba una cartera muy rosa para su atuendo, al parecer no era de el, al cogerlo le han pegado una golpiza que seguro usted no querrá enterarse. Lo he visto a usted tomando su bolígrafo y rayar papeles durante horas, garrapateando quien sabe que, cada pagina bebe un sorbo de su alcohol re-envasado, pirata, de dudosa procedencia.
Esa señora de la esquina hace unas empanadas gustosisimas, lo digo por que cada tanto se acercan personas a deleitarse allí y no se comen solo una, devoran empanadas, un muchacho con una guitarra a sus espaldas y el cabello lleno de nudos fue y le toco una...Una de sus canciones, no me mire usted así, ella agradecida le sirvió cocacola en un vasito y con una servilleta tomó una de sus exquisiteces y se la obsequió, me pareció un buen truque.
Los aviones pasan dejando su rastro por este cielo cada diez o quince minutos según el trayecto; mire, si van al sur, pasan cada diez minutos, cosa contraria cuando la ruta es hacia el occidente, quince o hasta veinte minutos ha tardado un pájaro de esos metálicos para volver a hacer un despegue y dejarse ver.
llevo aquí un buen rato y se me han acercado, sin mentirle, al rededor de 30 vendedores, cada uno oferta a su manera el producto; cuando usted me habló pensé que era un de ellos con una de sus estrategias.
- Señor discúlpeme, yo solo le he pedido la hora.
- ¡Ah! que pena.No no tengo reloj.
El tiempo se me ha convertido en una quimera inundada de sonidos meta-abstractos, venidos desde la mas profunda des-idealización del ser; cornetas, sonidos de ambulancias, retumbar de motos pandilleras, balaceras cerca a la montaña, una voz que grita anunciando sus productos grasientos. Mas yo sigo en mi desesperada espera por el tope segundero con el dígito primero, con el necesitado...
¿La hora? Cada segundo es un puñal cruzando pecho adentro, el sol desciende lentamente hacia el horizonte, la marea se hace fuerte, el viento sopla hacia los rostros, trayendo consigo el pasado y los olores que habitó, parece detenerse todo reloj en muñecas cargado, en paredes colgado y en iglesias instaurado... Se alarga la inmunda tarde, ese viejo lleva sentado ahí mas tiempo que yo mirándole; las palomas, al verle su melena blancuzca se le acercan como sabiendo de sus manías por desmigajar-les pan, o restos de arroz. En la silla consiguiente se ha implantado un tendero a mirar sus uñas mientras perezoso, entrega sus productos de bajo costo, otros se arriman a pedirle fuego para sus cigarros.
Allá tras ese carbonero frondoso hay un señor meando, y en la banca del lado un joven de rasgos raquíticos poniéndose de plones la cabeza. Hace rato pasó la policía tras un corredor olímpico que llevaba una cartera muy rosa para su atuendo, al parecer no era de el, al cogerlo le han pegado una golpiza que seguro usted no querrá enterarse. Lo he visto a usted tomando su bolígrafo y rayar papeles durante horas, garrapateando quien sabe que, cada pagina bebe un sorbo de su alcohol re-envasado, pirata, de dudosa procedencia.
Esa señora de la esquina hace unas empanadas gustosisimas, lo digo por que cada tanto se acercan personas a deleitarse allí y no se comen solo una, devoran empanadas, un muchacho con una guitarra a sus espaldas y el cabello lleno de nudos fue y le toco una...Una de sus canciones, no me mire usted así, ella agradecida le sirvió cocacola en un vasito y con una servilleta tomó una de sus exquisiteces y se la obsequió, me pareció un buen truque.
Los aviones pasan dejando su rastro por este cielo cada diez o quince minutos según el trayecto; mire, si van al sur, pasan cada diez minutos, cosa contraria cuando la ruta es hacia el occidente, quince o hasta veinte minutos ha tardado un pájaro de esos metálicos para volver a hacer un despegue y dejarse ver.
llevo aquí un buen rato y se me han acercado, sin mentirle, al rededor de 30 vendedores, cada uno oferta a su manera el producto; cuando usted me habló pensé que era un de ellos con una de sus estrategias.
- Señor discúlpeme, yo solo le he pedido la hora.
- ¡Ah! que pena.No no tengo reloj.
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